El cuerpo emocional no es inferior ni un escalón para acceder al espíritu

El cuerpo emocional y el aspecto vibracional que podemos relacionar con el mundo emocional, no son inferiores ni un escalón para acceder al espíritu.
Eso es lo que en el código Tzolkin se describe como lo blanco, que está profundamente unido con el azul, que significa tiempo, oportunidad y transformación.

Hay una transformación que te destruye, pero hay otra que permanentemente te renueva, de la misma manera que hay un tiempo que va hacia la muerte y otro que incesantemente recrea y sostiene la vida, como se puede ver en un águila que se mantiene en el aire apenas sin esfuerzo.

El tiempo saca a la vida de la inmovilidad. Ciertamente, puede sacarla de la inmovilidad y llevarla a la fugacidad, como un fuego que se enciende y se consume, pero no es esa la única forma del tiempo.
Hay un tiempo que es similar a estar despierto; es algo activo que no te lleva a la extinción sino a la expansión, como la vida con sus alternancias.

El espíritu tiene más cercanía con la individualidad, y por eso desde determinados ángulos puede parecer superior, pero la emoción es grupal. Es algo que transciende a la personalidad y que enlaza con las demás personas, creando ese plural divino.
La emoción te lleva al cielo, porque te une, te unifica, te enlaza, te expande y te integra.

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