La familia central, que está compuesta por la tierra, el viento, la mano y el humano, en el Tzolkin aparece iniciada por el viento

La familia central, que está compuesta por la tierra, el viento, la mano y el humano, en realidad en el Tzolkin aparece iniciada por el viento, que es el segundo sello.
Esa disposición de rojo, blanco, azul y amarillo es la de la familia tipo, pero luego cada familia aparece de una forma determinada, solamente iniciada por el color rojo en el caso de las familias cardinal, iniciada por el dragón, y polar, iniciada por la serpiente. En las demás familias el primer sello que aparece no es el rojo, estando iniciada la familia central por el color blanco.
Lo que diseña la familia central es una propuesta que podríamos expresar como viento-mano-humano-tierra y traducirla a lo siguiente:

Viento, como comunicación. Cuando tú ves a una persona lo primero que haces es saludarla con la palabra “hola”, queriendo decir somos amigos, no enemigos o “tú eres otro yo”. Pero también en un sentido más estricto podríamos decir que viento significa la impecabilidad de palabra, la comunicación.
Entonces, al considerar esta familia, estos sellos, vemos que lo que aparentemente comienza con la tierra, en realidad comienza con el viento.
La palabra es el saludo y también la impecabilidad de la palabra como base de la comunicación. De esta manera, esta familia tendría una vocación a expresar lo blanco, en cuanto a emociones, pero también y sobre todo, porque cada vez adquiere más relevancia, algo que sirve para unir.
En un momento en el que el gran riesgo para la humanidad es la guerra, el conflicto y la fractura, aparece como fundamental el valor de la palabra asociado a la paz, la resolución de los conflictos y lo que une. Es muy importante poner la relevancia en ese concepto, porque ya desde los albores de la humanidad, desde el inicio de la humanidad, en esta sabiduría expresada por los abuelos, aparece como fundamental la palabra como algo que une.

Entonces, si desplegamos la realidad que aparece en esta familia diríamos que lo primero es el saludo, el hola. Lo segundo es el abrazo, porque el siguiente sello es la mano. La mano es con lo que tú abrazas a una persona. La mano, el brazo, es más fuerte al atraer que al separar. La mano, y como consecuencia el brazo, es más fuerte al abrazar que al golpear. Hay más fuerza. Esa es su función.
El viento es el saludo y la impecabilidad en la palabra, y la mano es el abrazo y la impecabilidad en la acción. Podemos traducir que el abrazo es impecable. Podemos traducir y afirmar que el abrazo es una expresión en la impecabilidad, en algo atemporal y no solo en algo temporal que corresponde al aquí y ahora, sino en el siempre.

Vemos que ciertamente el saludo es lo primero, y el abrazo y el acogimiento es lo siguiente. En tercer lugar en esta familia aparece el humano, la libertad, que es el valor propio del ser humano y en sí un enigma a descifrar en esta encarnación. Cada persona de alguna manera tiene que dar valor al hecho de ser humano.
La palabra es impecable cuando saluda, la acción es impecable cuando abraza y el hombre es impecable cuando es libre, porque quiere decir que ha recuperado su alma, es decir, ha reconectado con la realidad Dios presente en su interior, y la consecuencia es la plenitud del ser humano, la libertad. Ahí tenemos esos tres contenidos enlazados, dispuestos a todos los seres humanos para encontrar sentido en su encarnación.

En cuarto lugar aparece aquél que inicialmente debería aparecer como primero. Los tres primeros elementos crean una realidad, que es expresada como tierra. Esos tres elementos, sellos o conceptos te sitúan ante la emergencia de una realidad, que la hace similar a la madre tierra, que te permite encontrar tu lugar de poder, que te alinea con el corazón amoroso de la vida, que te despierta a tu realidad de voluntario en esta encarnación.

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