No te singulariza tu ego, sino tu misión

No te singulariza tu ego, sino que quien te singulariza es tu misión.
El ego no te singulariza, sino que más bien te apelmaza y te agrupa según los criterios del miedo y te saca de tu auténtica singularidad, que es la que te lleva a cumplir tu misión y a ser feliz cumpliendo tu misión.

El ego te lleva a intentar ser poderoso para huir del miedo, y entonces te juntas, te apelmazas con las personas que te hacen sentir poderoso.
El ego te lleva a querer sobresalir, y entonces te unes, te apelmazas con los que te ayudan a sobresalir, haciendo como bandos de unos contra otros, porque estás utilizando el arquetipo del miedo, de las fronteras, de las guerras y de los abusos.

El abuso te hace sentir fuerte, que es lo que quiere el ego, pero es una distorsión que anula el sentimiento de amor, es decir, rompe los lazos que te unen a todas las demás personas y te aísla.
Lo que te aísla, no te hace feliz. Puede parecer que sí en algún momento, pero finalmente no.

Conectar con tu misión te conecta con tu agua. Pero es que el agua en esta dimensión está cumpliendo una misión. Por eso es adecuado reconocerte en el agua, pero en el agua cumpliendo una misión.

Eso también abre una nueva cuestión. Si el ser humano es en su mayor parte agua, entonces por qué el agua al cumplir una misión se ha singularizado y te ha hecho diferente de todas las demás personas que como tú también son agua; por qué el agua busca singularizarse y lo realiza; por qué cuando el agua se pone unos zapatos, una camisa y un traje busca singularizarse.

Si el agua está cumpliendo una misión es porque esa singularidad que eres tú es parte de esa misión. Y entonces se trata de recuperar todos esos contenidos asociados a esa singularidad.

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