Podría pensarse que lo óptimo es no tener problemas

Podría pensarse que lo óptimo es no tener problemas y que las personas que te rodean tampoco tengan problemas, porque puede creerse, y así es de alguna manera, que la realidad es un espejo que está hablando de ti. Así, si tienes muchos problemas que aparecen como insoportables o irresolubles y consideras que la realidad es un espejo, puedes decir que necesitas hacer cambios en tu actitud.

También puede ser que veas que tú estás muy bien pero que estás rodeado de personas inconsecuentes, que actúan desde niveles muy bajos de la realidad. Puedes sentirte a ti muy bien y pensar que todos lo hacen mal.
En esa situación, si la realidad es un espejo, quiere decir que también es conveniente que hagas algún cambio porque lo que estás viendo está todo mal. No está todo bien, aunque tú estés en un momento de mas o menos éxito o aunque no tengas grandes problemas.

Primero hemos dicho que hay personas que están agobiadas por los problemas y luego hablamos de personas que no se sienten agobiadas por los problemas pero que sienten que todo el mundo lo hace mal. Los dos casos de alguna manera están traduciendo lo mismo. Entonces, ¿dónde se situaría el asunto?

Hay un reajuste que hacer acerca propiamente del problema. Los problemas no son situaciones malas o adversas. Al contrario, los problemas son situaciones de crecimiento, que muchas veces te devuelven tu poder y te dicen quién eres. Hay muchas veces que te asustan cosas y luego resulta que las resuelves con facilidad, y eso corresponde a cambios en tu esquema de valores.
La propuesta es no considerar como una situación negativa los problemas, ni los propios ni los de las demás personas. A veces te agobian los problemas de tu hij@, de tu amig@, de tal o cual persona o de la humanidad en general. Estás mirando que eso es una situación adversa y no es así.
El problema forma parte de la vida. No forma parte de la muerte. Forma parte de la resurrección.

El problema es como ir en un coche. No has llegado a donde quieres ir, pero el coche te está llevando y además más deprisa que cuando solo podías ir andando. Es el momento de montarse en los problemas y conducirlos hacia el éxito.
Y el problema, cuando te subes en él, sabe llevarte al éxito.

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