Estamos presos de nuestras creencias

Aquello que creemos conforma la realidad, y lo hace en sus limitaciones, diciendo lo que no puede ser, y en lo posible, diciendo lo que es posible o real, entendiendo que hay una similitud entre real y posible.

Sin embargo, tal vez este es el tiempo de liberarse de ataduras y hacer posible lo imposible, siendo ambos, posible e imposible, contenidos mentales.
Esos contenidos mentales dan soporte a aquello que vives cada día y cada momento. Evolutivamente la humanidad se está acercando al final de una realidad dimensional y entrando en otra donde hay nuevos valores que dan soporte a la realidad.

Antes estaba el trabajo casi como soporte máximo de la realidad, porque podía hablarse de la familia, pero sin trabajo era imposible tener una familia; de la honestidad, pero sin trabajo no podías ser honesto, ya que siempre eras una carga. Es decir, que en el mejor de los casos nos debatíamos entorno a algo donde éramos esclavos.

Sin embargo las grandes tradiciones, y en especial alguna, le dan al ser humano la semejanza de Dios, que no es una realidad laboral, porque Dios no se contrata por horas ni tiene un salario; en todo caso trabaja siempre.

Lo asociado a la necesidad de trabajo como forma de ganarse la vida son las guerras, porque si no tienes, se justifica que vayas donde sí hay.
Sin embargo, quizá ha llegado el tiempo de plantearse qué es lo que creemos y qué es lo que imposibilitamos con nuestra creencia. Tal vez estamos en la emergencia de la realidad Dios dentro de cada ser humano, que en estos momentos se ve ayudada precisamente desde la realidad Dios, rodeando como ángeles y voluntades divinas activas a los seres humanos que quieran mirar en esa dirección. Dios está mirando y quizá solo es necesario que tú le mires para transformarte.

La contrapartida de un trabajo asalariado, esclavo, o donde tú eres más listo y contratas a bajo precio el trabajo de otras personas, es la voluntad de servicio y el colaborar con todo lo existente; la ley del amor, donde tú eres otro yo, como forma de acercarte a tus pares, a tus semejantes; y el ensueño, como forma de soñar la abundancia.

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