Los pensamientos son la casa donde vives

Los pensamientos son la casa donde vives. Tus pensamientos son tu casa. Es donde estas.
Eso lo sabían muy bien los aztecas.

A veces no nos damos cuenta de que todo son creencias, todo son pensamientos. La forma en que interpretamos lo que sucede y que da orígen a nuestra respuesta ante lo que sucede, todo son pensamientos.
No decimos pensamiento como resultado de la acción de pensar o de reflexionar pausadamente, sino que decimos que la realidad es subjetiva, todo son interpretaciones, todo son imágenes mentales, cuya base muchas o muchísimas veces esta basado en pensamientos- imágenes mentales surgidos en la más temprana infancia, a partir de sensaciones y emociones y también a partir de trasferencias de las personas de tu entorno vinculadas afectivamente.

Los niños pequeños piensan- crean imágenes de la realidad a través de las emociones que les trasmiten sus padres, abuelos, hermanos y entorno afectivo. Y luego con ligeras variantes les sirven para ver la realidad.
Por eso es importante re dialogar contigo, con tu subconsciente, que es donde están todos esos pensamientos, sentidos y no pensados.
Revalidar, repensar es importante para ser libre, para ser tú.

Muchos de esos pensamientos no pensados que parten de lo subconsciente también son simples trasferencias del entorno, creencias que no sabes que crees. Por eso considerar lo que crees es ganar libertad y autenticidad.
Lo bueno es que si los pensamientos son la casa, la casa se puede limpiar, ordenar y elegir.

Un pensamiento no pensado frecuente es que no se puede ser feliz. Mucha gente no sabe que lo piensa sin pensarlo.
Un pensamiento que no se sabe que se piensa es que es mejor estar preocupado, que es mejor no decir lo que piensas y cosas así que te inhiben y secuestran, entretienendo tu creatividad.

A veces es mejor reconstruir la casa. Es como resucitar.

Lo importante no es lo que ves sino lo que haces

Lo importante no es lo que ves sino lo que haces. Lo importante no es pensar que una cosa es buena o mala. Lo importante no es determinar que tales personas son injustas o que otras son tratadas con desprecio. Lo importante no es decir quién lo hace bien y quién lo hace mal, qué es lo justo y qué es lo injusto, sino lo que importa es lo que tú haces.

Vivimos con una avalancha de información y puedes pensar que una persona es injusta y que en tal situación debía haber una ayuda. Puedes estar en un mundo de pensamientos, pero lo importante es cómo te relacionas con cada persona que se relaciona contigo.
Puedes pensar que hay mucha injusticia, pero si una persona te pide ayuda a lo mejor piensas que no la necesita, que solamente es un aprovechado.
Así, en un mundo teórico te sitúas de manera exigente, pero en un mundo práctico, donde se está construyendo la realidad a través de los actos, en ese mundo de lo que está sucediendo en el tiempo, quizá tu comportamiento no sea solidario, porque desconfías.
No es solidario porque no quieres perder el tiempo. Puedes considerar que se debería hacer tal o cual cosa, pero eres incapaz de perder el tiempo y piensas “no, no, otro día, que tengo prisa”, “no, no me puedo parar aquí, porque tengo que ir deprisa a tal sitio”.

Entonces, en un mundo de pensamientos puedes tener unas valoraciones extraordinarias, acerca de lo que se debería hacer y de lo que no, pero cuando a ti te toca hacer, resulta que la prioridad no es el otro sino que eres tú.
Por eso es importante lo que haces.