Para resucitar hay que morir

Para resucitar hay que morir. Para resucitar hay que haber entrado en la muerte, en el inframundo, haber bajado a los infiernos. Para resucitar glorioso hay que haber entrado en lo profundo del sinsentido. Pero justamente es lo que tratamos de evitar.
Las personas, de forma habitual aprendemos a huir del fracaso, de la quiebra, de la crisis y del dolor, o por lo menos lo intentamos. Y entonces se produce esa anticipación o previsión, que es lo que justamente impide la canalización, que es vivir en el presente, unificando lo que piensas, lo que sientes y lo que haces.

La anticipación crea y refuerza la dualidad, porque estás en un sitio, en un escenario, en un momento del presente, del aquí y el ahora, pero mental o espiritualmente estás en otro lugar del acontecer. Eso es dualidad. Tú estás en un sitio, intentando evitar que suceda algo, y cuando estás ahí, estás desdoblado mirando aquello que quieres evitar.
Para evitar eso haces muchas cosas, pero no desde el amor sino desde el miedo. No estás viviendo, sino huyendo, porque la vida se construye desde el amor y tú estás en la evitación, en la guerra.

Todo lo que estás construyendo no lo estás viviendo, no has entrado en el tiempo presente desde la plenitud y la libertad, sino desde evitar que suceda algo. Gran parte de las cosas que haces son para evitar que pase algo. Eso es una expresión de la dualidad. No haces lo que quieres, porque ya no eres libre.
El asunto es dejarse llevar, o sea fluir con los acontecimientos, sin entrar en el terror que llena todo de monstruos, sino fluyendo desde la lucidez.

Pero ¿esto es posible? Sí, todas las tradiciones lo afirman. Necesitas saber quién eres y conectar con tu doble espiritual, que ya vive en la dimensión de lo óptimo, en la dimensión de la resurrección.
A lo largo de la vida vas encontrando situaciones que te permiten reforzar el vínculo y la entrega, la confianza.
A lo largo de la vida puedes resucitar varias veces, porque finalmente tienes que salir de la conciencia de tu ser en esta dimensión, protegido por sus creencias, para ser el resucitado y entonces ser un guía de resurrección.

Hay dos visiones opuestas, pero la realidad es la de la vida eterna y gozo eterno


Con esto de las perspectivas pasa eso, no sabes si entras o sales, hasta que lo ves desde otro ángulo, o sea, desde otra consideración.
Con la imagen/símbolo de Jesucristo y la cruz sucede lo mismo. Desde una perspectiva, la de la realidad ordinaria del sufrimiento y la guerra, Jesucristo sufre y está entrando en la muerte/fracaso, pero desde otra perspectiva está abriendo la puerta del gozo, entrando en la vida eterna, es decir, en la dimensión del gozo y la plenitud, donde no existe muerte, sufrimiento ni fracaso, sino plenitud vital, o sea gozo, amor y armonía.
Las dos visiones son opuestas, pero la realidad es la de la vida eterna y gozo eterno. La muerte solo es vista desde la realidad ordinaria, donde la vida te la das tú con tu esfuerzo, luchando contra la muerte/fracaso, pero esa perspectiva solo es aparente.

Con Atlas sosteniendo la bóveda celeste pasa lo mismo. Parece que es un castigo, y entonces es como un trabajo forzado a perpetuidad, la máxima pena para un inmortal. ¡Sostener permanentemente la bóveda celeste¡, ¡menudo esfuerzo constante!
Sin embargo, eso solo es así desde la perspectiva del esfuerzo y el sufrimiento y, por tanto, desde la derrota y el castigo.
Desde otra perspectiva que existe, lo que hace Atlas es unir el cielo y la tierra, o sea, ser un camino por el cual pasas de la tierra, dimensión ordinaria del sufrimiento, esfuerzo y finalmente derrota, a otra dimensión superior/cielo/gozo/inmortalidad, como demuestra Atlas.

Para saber cómo hacerlo te tienes que situar como Hércules, reconociendo que desde tu dimensión de esfuerzo/lucha no generas vida sino muerte; reconociendo en qué momentos no actúas desde el amor, sino enloquecido o hechizado por el no amor.

Cuando te alejas del amor, te alejas de la vida

La vida es el amor y el amor es la vida. Por eso cuando te alejas del amor, te alejas de la vida.

Cuando te alejas de vivir desde el amor, dejas de vivir desde la vida, viviendo la no vida, o sea la muerte; cuando lo que haces no está fundamentado ni nutrido en el amor, entonces te adentras en la no vida, que es la muerte.

Por eso es importante reconocer en qué momento estás alejado de la vida, para volver a reintegrarte en ella.
Por eso es importante reconocer cuándo has actuado desde el miedo, dándole de comer, porque es lo contrario del amor.
Cuando reconoces que estás dando de comer al miedo y que te has alejado de la vida y del amor, puedes reintegrarte otra vez en la vida y en el amor.

Es como si viviéramos muchas vidas a la vez y estuviéramos presentes en muchas realidades, siendo la iluminación descartar aquellas realidades que no pertenecen a la vida, por no estar fundamentadas en el amor, entrando con plenitud en aquella realidad que reconoces fundamentada en el amor.
Cada vez que te das cuenta de que tu actitud no está basada en el amor, se produce una iluminación que deshace el hechizo. Por eso, la iluminación es integración; te hace más íntegro porque te hace cada vez más real, porque tú eres amor.

Cuando eres vida, eres amor, porque el amor es la vida y la vida es el amor.
Por eso no se trata de un juicio sino de una iluminación. Se trata de ser libre, libre para amar.

Gracias, bendición, perdón.

Se trata de modificar el interior, porque los ángeles cuidan tu presente.

Se trata de modificar el interior, porque los ángeles cuidan tu presente.
La pascua o paso a través de la muerte existe; es una realidad espiritual.
Pero para que exista y sea encontrado ese paso a través de la muerte, donde la fuerza de dimensiones superiores -también puede recibir el nombre de ángel- te protege, es necesario que la muerte muestre su rostro, porque si no, no experimentas ese presente tormenta que te lleva a la reconexión con tu ser espiritual y con tu alma, que es una auténtica resurrección.

Esto se hace desde una actitud señalada en el Tzolkin como lugar central, mono 1, donde te atreves a experimentar cosas, manteniéndote ecuánime en medio del caos, porque eres lo que está descrito como la posición 14 del espejo.

En la propuesta tipo, que es la expresada por el dragón en la primera onda y primera columna, el dragón es la luz que baja desde dimensiones superiores a una inferior, tomando forma para cumplir una misión en el encuentro contigo -estoy viendo pasar el venado en estos momentos. Una pareja de venados pasa por delante de mis ojos de manera real en la montaña, mientras hablamos del 14-.

El 14 en la primera columna es el inicio de la onda del mago. El prototipo de 14 es el mago 1, el propósito del mago. Nos da igual el número, ya que significa que el propósito es el mago.
El propósito del mago está asociado a la consecución del caminante del cielo transcendente. Es un diálogo, un sí quiero conocer esto. Y entonces también puedes en segundo lugar añadir el decreto “sí, decreto encontrar el mago en mi interior”.

De esta manera podemos ver que el mono 1 es el 14 del espejo. El in lak’ech en grado 14 abre algo, de la misma manera que el mago abre algo. El in lak’ech en grado 14, tras la consecución del amor incondicional transcendente, es como el hijo; la preñez del espejo es el mono, entrando en experiencias que te hacen nuevo y te renuevan en plenitud.
Gracias y perdón.

Las personas interesadas en elevar su vibración, el in lak’ech, la sociedad de la estrella, etc., están viviendo el juicio de Osiris.

Según Wikipedia: “El juicio de Osiris era el acontecimiento más importante y trascendental para el difunto, dentro del SISTEMA DE CREENCIAS de la mitología egipcia.
En la Duat, el espíritu del fallecido era guiado por el dios Anubis ante el tribunal de Osiris. Anubis extraía mágicamente el Ib (el corazón, que representa la conciencia y moralidad) y lo depositaba sobre uno de los dos platillos de una balanza. El Ib era contrapesado con la pluma de Maat (símbolo de la Verdad y la Justicia Universal), situada en el otro platillo.
Mientras, un jurado compuesto por dioses le formulaba preguntas acerca de su conducta pasada, y dependiendo de sus respuestas el corazón disminuía o aumentaba de peso. Thot, actuando como escriba, anotaba los resultados y los entregaba a Osiris.
Al final del juicio, Osiris dictaba sentencia:
Si esta era positiva su Ka (la fuerza vital) y su Ba (la fuerza anímica) podían ir a encontrarse con la momia, conformar el Aj (el “ser benéfico”) y vivir eternamente en los campos de Aaru (El Paraiso en la mitología egipcia).
Pero si el veredicto era negativo, su Ib era arrojado a Ammyt, la devoradora de los muertos (un ser con cabeza de cocodrilo, piernas de hipopótamo y melena, torso y brazos de león ), que acababa con él. Esto se denominaba la segunda muerte y suponía para el difunto el final de su condición de inmortal; aquella persona dejaba de existir para la historia de Egipto.”

El juicio de Osiris, aparece según esta información, como algo perteneciente al espejo interior, porque no es algo que se pueda ver y tocar, sino algo de lo que se puede hablar.
No es algo que pertenezca al presente inmediato, al aquí y al ahora, por lo menos aparentemente, ya que el aquí y ahora parecen ser el escenario de las cosas que se pueden ver y tocar.
Sin embargo, el juicio de Osiris hace una referencia temporal muy marcada, ya que no puede suceder en cualquier momento, sino solamente en el momento posterior a la muerte, y además de lo que se trata de dilucidar es si esa persona entra en el tiempo de la inmortalidad o se acaba el tiempo.

De ese modo, nos damos cuenta es de que el juicio de Osiris está plenamente instalado en el tiempo. Su escenario es el tiempo, tratándose de dilucidar si la persona puede dar un salto evolutivo y acceder a una nueva dimensión, que es precisamente el interés de muchas personas hoy, quizá de las personas que se consideran despiertas.
Esta imagen del juicio de Osiris, para las personas que quizá podríamos denominar dormidas, habla de algo que no les interesa en este presente del aquí y ahora, ya que su aquí y ahora está lleno únicamente de cosas que se pueden ver y tocar. Pero aquellas personas que en este argot llamamos “despiertas”, resulta que es justamente lo que ocupa su presente del aquí y ahora.

Las personas interesadas en asuntos aparentemente inmateriales, como subir su vibración, abrir sus escáneres espirituales, el in lak’ech o entrar en el espejo, encontrar la sociedad de la estrella, etc., están viviendo el juicio de Osiris, aun sin saber que en el código de alguna tradición es ese el nombre que recibe. De esta manera, no se trata de algo destinado a los muertos, sino de algo destinado a los despiertos.

Podemos encontrar que el arcano 13, en el lenguaje inicial e iniciático de la escritura fonética –gracias maestros iniciadores de la escritura fonética, bendición- es la muerte. El arcano 13 del tarot es la muerte y también la letra 13 MEM -letra madre por cierto-, que también forma parte de la figura central del juicio de Osiris, porque es la MAAT. La MEM no es la MAAT, pero forma parte constituyente.
En el código Tzolkin, el 13 es el caminante del cielo como sello, que pertenece a la familia que expresa el día verde. Eso es justamente lo que se está determinando en el juicio de Osiris, si la persona puede entrar en lo óptimo, es decir en la inmortalidad, que es también lo verde.
La primera vez que aparece este sello en el Tzolkin es justamente como 13, de modo que todo lo que significa 13 representa también el camino para entrar en la inmortalidad.
El 13 es el final del trayecto que va del 1 al 13, la transcendencia, y el caminante del cielo es el líder de ese contenido, porque es el primero que lo encarna, de forma primordial.

El 13 también es la tierra como onda. La onda 13, el equivalente de esa muerte que significa simplemente acceder a una dimensión óptima, también está expresado por la tierra como onda. La tierra expresa una alineación con el corazón del cielo a la que tu respondes “hágase en mi según tu voluntad, porque soy un voluntario para eso”, o sea, “amen”. Por cierto que amen también está construido con la Mem.
La onda 13 tiene como 13, momento transcendente, a la luna, y expresa cómo aquel que se presenta como voluntario entra en el castillo verde.

De modo que el juicio de Osiris aparece con la información de que la forma de entrar en el castillo verde es siendo voluntario.
Hemos relacionado el 5 con el KA, ya que la serpiente que a veces denominamos kundalini es la energía vital; el 9, la luna, contiene esos aspectos emocionales del alma que forman el BA; y en el 13, el caminante del cielo, está la realización de la propuesta del Tzolkin, que unifica el KA y el BA, produciendo el AJ.

La MAAT, que es como concepto una energía hija proveniente de RA, es precisamente la balanza con la cual se realiza el juicio de Osiris o pesaje del corazón -ahorrando palabras es simplemente Pesaj-, y lo que traduce en ese largo presente, en ese presente continuo de la persona despierta en su camino evolutivo, es esa actuación que aligera el corazón, a través de las acciones y las vivencias que realizas, no buscando tu interés sino como resultado de esa iluminación, que proviene del ver; al estar iluminada, otra realidad posible.
Es decir, ese presente está compuesto de acciones que contienen por ejemplo el desapego expresado por el enlazador, que casualmente parece más ligero que el apego, o sea que se te peguen las cosas en la mano; contiene amor incondicional donde tú no tratas de ganar, sino de ser incondicional, que parece también más ligero que el “todo es mío”; también el tú eres otro yo del espejo te hace ligero; y el viento, ya que las palabras como ondas portadoras de luz, no pesan; y desde luego lo que un mago no puede ser es un pesado, ya que el aprendizaje del mago es de liviandad.

De alguna manera lo que queremos decir es que el Juicio de Osiris sucede aquí y ahora, para las personas interesadas en el salto evolutivo. La Maat es la balanza; la pluma que se coloca en uno de los platillos también es la Maat, y de alguna manera si instalas esa balanza en tu interior encuentras que tu corazón se aligera.
Pero esa balanza, que en sí es un símbolo, también tiene una expresión simbólica personificada, que en el sistema de creencias y de valores egipcio está personificado en una mujer.
La Maat es energía femenina, y ese valor es importante mantenerlo, para que de su fruto. Pero esa energía femenina, hija de Ra, personifica esa balanza abriendo sus brazos, adoptando la forma de una cruz, o de una persona con los brazos en cruz.
Todas las balanzas pueden verse representadas en una cruz, donde en cada extremo del travesaño horizontal hay un platillo, y el travesaño vertical es el soporte. El cuerpo de la Maat o travesaño vertical es el soporte, y sus brazos son como el travesaño horizontal de la cruz o donde cuelgan los platillos.

El hombre perfecto en la cruz, o sea el hombre 10, es Jesucristo, el crucificado, y está justamente en ese paso que parece que es hacia la muerte pero es hacia la inmortalidad, precisamente abriendo la inmortalidad a la humanidad en esa tradición.
Jesucristo es como la balanza, pero si le escuchas, tu corazón se hace ligero, porque amarás a tu prójimo como a ti mismo, no juzgarás, … Bueno, ahí tenemos todas las parábolas y enseñanzas.

Maat, que es esta balanza que ayuda a aligerar el corazón para pasar a otra dimensión de la vida, también aparece en muchas imágenes como una mujer alada, pero también como una serpiente alada. La serpiente alada también es Quetzalcóatl, que con sus enseñanzas también aligera el corazón y favorece el salto dimensional.

Las imágenes son importantes, porque hablan un lenguaje atemporal que conecta con el alma.
Las imágenes surgen de lo ancestral. Todas las tradiciones ancestrales contienen imágenes, porque hablan al alma.
Algunos sistemas de creencias no ancestrales porque se conoce su autor, suprimen las imágenes y las cambian por órdenes. Con palabras-órdenes prohíben las imágenes, y por eso Maat no los representa.