Las partículas subatómicas diseñan la realidad pero no necesitamos saber exactamente dónde están

Se trata de relativizar, es decir, flexibilizar y deslocalizar.
Una vez que la conciencia, el espíritu, el alma o el ser interior reconocen la existencia de partículas subatómicas, ya no se trata de tener ideas fijas de las cosas, sino posibilistas, porque en definitiva sabemos que las partículas subatómicas están, y eso es lo importante, saber de su existencia.
Pero, aunque digamos que están ahí, no sabemos dónde exactamente, al menos de la misma manera en que sabemos dónde está aparcado mi coche en la calle, porque las partículas subatómicas que están, son y forman parte de la realidad real y profunda, no están quietas. Nada está quieto; la vida no es inmovilidad y mucho menos rigidez.

Las partículas subatómicas diseñan la realidad. Sabemos que están pero no necesitamos saber exactamente dónde. Es una realidad que requiere el aprendizaje de la flexibilidad mental y por tanto también de la flexibilidad empática, que no es exigente. Se parece un poco al agua, que no necesita ninguna forma precisa pero se adapta a cualquiera.

Al aproximarse al Tzolkin también conviene hacer un ejercicio de flexibilidad, de deslocalización y des-rigidez. Hay un Tzolkin tipo que tiene un comienzo, pero también es posible que haya tantos Tzolkin como personas, y por tanto con tantos comienzos como personas. El descubrir el Tzolkin personal, que comienza el día que tú naces, es importante.
Hay un determinado momento en que la cosmovisión incluye las partículas subatómicas, la teoría de las cuerdas y la comunicación lumínica del ADN – todo eso también es cosmovisión- , y entonces la rigidez es contraria al Tzolkin.

El Tzolkin requiere un aprendizaje y un desaprendizaje. Es importante saber que las cualidades descritas por el Tzolkin están o son, pero es también importante abrir las posibilidades, ya que de esa manera estás abriendo tu propia cosmovisión personal o visión personal de la realidad.

Se trata de revivir o activar a tu Tezcatlipoca, limpiando tu espejo.

Todos los procesos vitales pueden vivirse desde la patología, es decir desde el sufrimiento y la merma, o desde la salud, es decir desde el gozo y la plenitud.

Es como si existieran dos realidades paralelas y la persona pudiese elegir, desde la conciencia, dónde situarse, claro que para eso previamente tiene que encontrar y reconocer la capacidad ejecutiva, es decir ordenante, de su conciencia.

 

De modo que cualquier proceso que suponga tristeza tiene un equivalente que contiene alegría, y una gran intensidad de dolor, sufrimiento o frustración, tiene simultáneamente una posibilidad de intensidad pero gozosa y plena, que se derrama sobre las demás personas.

Sin embargo, el poder se experimenta más fácilmente desde el sufrimiento. La persona se siente más fácilmente poderosa cuando está sufriendo, porque activa una espiral de compasión que mueve en los niveles espirituales a las demás personas a enviarle energía, mientras que cuando la persona se encuentra con plenitud en los primeros momentos de la vida, cuando todavía la conciencia no se ha desarrollado fuertemente, se siente más vulnerable porque es requerida.

 

La persona se siente más fuerte cuando requiere y más vulnerable cuando es requerida. Por eso muchas personas gozan sufriendo, porque se sienten fuertes en niveles espirituales, pero del tipo depredador, ya que el depredador también describe una realidad espiritual solo que no es gozosa; es exitosa pero no gozosa y lo que quieres no es lo que anhelas.

Por ese motivo, conviene incorporar en los niveles conscientes estos procesos para elegir adecuadamente, porque en realidad ese disfrute de la fuerza es un disfrute carente, porque no hay plenitud cuando las demás personas no la tienen.

Y esa actitud contiene un flujo que parasita las energías de las demás personas y no está traduciendo la sociedad de la estrella, lo que denominamos verde.

 

Los valores que contrarrestan esa tendencia inicial a sentirse fuerte atrayendo hacia sí la fuerza de los demás, están expresados por la familia del dragón.

El dragón, que también es reconocido como solidaridad y energía femenina, contiene elementos especialmente útiles en la cuarta dimensión, donde la persona tiene que hacer lo que tiene que hacer, sin quejarse – sin recurrir a la víctima-, sin juzgar – sin recurrir al juicio-, y por supuesto sin aprovecharse de las demás personas –sin abusar, sin dominar-, es decir todo lo asociado con la ira, la envidia, el miedo, la violencia, etc.

 

Encontramos inicialmente en el dragón la energía femenina, la solidaridad, nutrir, proteger, enseñar, y eso puede parecer una idea utópica.

El segundo elemento de la familia, el enlazador, habla de enlazar con dimensiones superiores, para lo cual es importante el desapego, y ya supone una ayuda para salir de la vivencia patológica hacia la vivencia sana.

El tercer elemento de la familia está hablando de la inocencia, del osar, de la alegría. El desapego está indicando que no se trata de conseguir o acumular cosas o poder, ni de que el centro esté en uno mismo, sino que enlazar con dimensiones superiores señala que hay otra realidad exterior hacia la que enviamos la energía. Y lo que expresa el mono de inocencia, asociado a osar y también caracterizado por la alegría, significa que no se hacen planes, ni se intentan conseguir cosas desde tu criterio, es decir que no parasitas la energía de los demás para conseguir lo que quieres apareciendo bajo una formulación que atraiga su energía.

La inocencia supone que no hay un plan B, y la energía del osar supone que hay un movimiento hacia fuera y que no activas una espiral hacia dentro involutiva, sino una espiral hacia fuera.

 

Por último, la expansión de la conciencia del guerrero está asociada en el código Tzolkin, por el color amarillo, al aire, expresando que no hay rigidez.

El mismo elemento puede aparecer de forma sólida, donde las partículas están muy juntas y todo aparece como rígido, y en forma expandida, es decir como gas, donde las mismas partículas se separan, se desapegan, osan y abandonan lo rígido, entre otras cosas porque no están defendiendo nada ni oponiéndose a nada.

Es la diferencia que hay entre un grupo de personas disfrutando de un día en la playa y un ejército formado, es decir entre las personas unidas por su cercanía y su empatía, pero que son libres y están gozando, y un grupo de personas que no son libres ni se muestran empáticos, sino solo obedientes.

 

La rigidez de la forma expresa positivamente a la luz cumpliendo una misión, es decir siguiendo un plan, que en ese caso es el plan de la luz o de dimensiones superiores. Aquí se trata para expandirse de prescindir de tu plan personal, que supone “todo para mí”, para entrar simplemente en el “ser siendo”.

Se trata de abandonar la rigidez, quitándote la armadura porque está pasada de moda.

La vida real gozosa es más interesante que el carnaval, y más divertida.